lunes, 27 de agosto de 2018

Mujeres Fuertes para la Vida


Martha Rocío Lizarazo Arévalo
Coordinadora Hogares Teresa Toda de Colombia





Con motivo de la celebración del centenario de la muerte de la Madre Teresa Guasch, me uno a todos los que hacemos parte de esta gran familia, que está bajo la protección de la Virgen del Carmen y de las dos Teresas, madre e hija, dando gracias a Dios porque de manera creativa y sencilla ha sabido hacerse presente en estas mujeres, quienes inspiradas por el Espíritu Santo decidieron dar su aporte en la construcción del Reino de Dios aquí en la tierra.

He tenido la bendición de crecer recibiendo la formación legada por las fundadoras, y aunque nunca hice los votos religiosos para hacer parte de la Congregación de Hnas. Carmelitas Teresas de San José y no estudié en un colegio Carmelo Teresiano, me siento hija, y no cualquier hija, hija predilecta, pues he podido formarme y crecer a través del ejemplo que quedó escrito y después difundido, en palabras y obras, por parte de algunas religiosas que han sabido vivir la sencillez, la humildad, el abandono y la entrega a los más necesitados, como sin lugar a duda lo querían nuestras Venerables Madres, Teresa Toda y Teresa Guasch.

Al igual que Teresa Guasch, siento que desde los doce años de edad, época en que empecé a acercarme a la Congregación, experimenté el irme “convirtiendo en tierra abonada y preparada para recibir y acoger la llamada que Dios tenía reservada para mi vida”, en el servicio y entrega diaria, primero desde la catequesis parroquial, grupos juveniles, aspirantado, y más adelante desde diciembre del año 1994, hasta la fecha, en Hogares Teresa Toda de Colombia, obra creada para la acogida y formación integral de niñas huérfanas, abandonadas o como recientemente se les llama en términos legales “declaradas en adoptabilidad”, pero que en esencia son mujeres que por diferentes situaciones han sufrido el maltrato, el abandono, la negligencia, el rechazo y muchas otras formas de exclusión y orfandad.  

A ejemplo de Teresa Guasch, quien junto con su madre pudo leer el paso de Dios por sus vidas y su designio amoroso y providente sobre ellas, recibiendo una esmerada educación, sobre todo una formación bien asentada en los principios y valores cristianos, es lo que desde el inicio hasta la actualidad nos ha inspirado, tanto a las religiosas como a los laicos que hemos continuado la obra, para no medirnos en esfuerzos que ayuden en la formación y consolidación del proyecto de vida de las niñas y jóvenes, “talentos sagrados”  que se nos han confiado, ofreciendo educación que les permita conocerse, creer en ellas mismas, desarrollar su habilidades, soñar y transformar sus vidas, buscando que incidan en ellas y en la sociedad que espera contar con mujeres de alta calidad humana, profesional y espiritual.

Como Teresa Guasch, la profunda experiencia de Dios es la que nos ha ayudado como formadores a asumir con paciencia las contrariedades y dificultades presentadas a lo largo de estos casi 23 años, producto no sólo de los altibajos propios en la formación de las niñas, adolescentes y jóvenes, sino también de algunas situaciones dolorosas suscitadas entre las directivas, que más que ayudar a crecer la obra, buscaban su debilitamiento, poniendo a prueba la razón de ser de la misma, pero que al ser Obra de Dios, no tuvo más que fortalecerse y seguir creciendo, acogiendo a lo largo de estos años a 184 niñas, adolescentes y jóvenes que han visto el rostro misericordioso de Dios en mujeres que nos esforzamos en ser madres, maestras y amigas, a ejemplo de Teresa Guasch Toda. 


 “Mantengamos viva la llama de Teresa Guasch”, en palabras, expresiones y acciones concretas que engendren vida, hagan crecer la esperanza, consoliden familia, acerquen a Dios, formen mujeres fuertes para la vida, capaces de vivir con fortaleza y serenidad las tribulaciones, dispuestas a servir, haciendo el bien siempre bien, con sencillo corazón.


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